Comer es una cosa y masticar es otra

Niños que hacen bola con la comida y no la acaban de tragar, niños que solo comen unos pocos alimentos blandos, niños que evitan comer cosas que se tengan  que masticar como la carne y la verdura.

Estas escenas son muy comunes en muchos hogares y no tiene porqué tratarse del capricho del niño. Hay que mirar en su boca, en sus dientes, en su mordida y sobre todo en cómo se mueve la mandíbula hacia los lados imaginando como son las fuerzas de la masticación.

Cabe recordar que los humanos, tanto los niños como los adultos, no comemos (masticamos) como los cocodrilos: abriendo y cerrando la boca. Lo normal en los humanos es comer (masticar) como los rumiantes: deslizando la mandíbula hacia un lado y hacia el otro alternantemente. Ese es el arte de masticar.

Y lamentablemente lo que encontramos habitualmente en esos niños que no comen es que la mandíbula está atrapada y no es capaz de deslizarse hacia un lado y el otro porque los dientes de arriba cubren demasiado a los de abajo. Y ojo, pueden estar aparentemente bien alineados y verse una sonrisa bonita. Sin embargo sin esos movimientos laterales no hay una trituración adecuada de la comida, solo son capaces de aplastarla y se les hace un mundo el tragar y acaban por evitar alimentos que le exijan ese esfuerzo de trituración. Ciertamente el niño se alimenta o se nutre sin masticar pero no goza de una salud plena.

La mala masticación no es algo menor ya que no solo sirve para preparar el alimento para la digestión. La masticación tiene también la función de mantener el desarrollo estructural de la boca y de la cara de manera que previene maloclusiones que precisen ortodoncia futura, tonifica los músculos de la cara y de los labios. Pero es más, también hace de bombeo de sangre con oxígeno y nutrientes al cerebro  y a los centros cerebrales de la memoria y del aprendizaje.

En Salut Dental Barcelona sabemos fijarnos en esos detalles de la mordida que impiden una masticación eficiente.